
La sociedad está de cabeza. Vivimos un mundo en donde el negro no es negro, ni el blanco es blanco. Cada vez son peores las cosas que suceden. A muchos padres no les importa el bienestar emocional de sus hijos; piensan que con darle todo lo material ellos son felices.
Diego pertenece a un grupo de exploradores. Hace cinco meses hicieron un campamento con todos los pertenecientes al grupo de los demás departamentos del país. El campamento duraría cinco días en donde conocerían muchas personas nuevas. Los padres de Diego siempre le han dado todo y le han concedido todos sus deseos por ser hijo único, aunque pasan tan ocupados con sus trabajos o los días de descanso en sus propias actividades que no le prestan mucha atención. Así que fue al campamento. Al llegar, vio una niña de uno de los grupos que le parecía hermosa, era imposible para el no mirarla. La manera de sonreír, de caminar, de saltar, de mirar le parecía muy atractiva fue un amor inmediato lo malo que era solo para él. Andrea se llamaba era del grupo de exploradores de Chalatenango. Diego hacia de todo con sus amigos para poder llamar la atención de ella y de sus amigos a esa edad. Donde se vive el primer amor el que quizás nunca se olvidara. Con el que se comparte el primer beso, el primer suspiro, las mariposas en el estómago y todas las sensaciones de amor.
En una actividad que hicieron en el campamento por razones inexplicables de la vida Diego quedó en el mismo grupo que Andrea, comenzaron a platicar mucho y a llevarse bien, en las noches antes de ir a dormir se acostaban para ver las estrellas y hablar de sus vidas. Fueron los mejores tres días de Diego. El último día en el campamento por la tarde salieron a caminar cuando estaban en un lugar donde estaban solos. Paso algo inesperado que lo llevó al cielo. Estaban muy nerviosos porque era la primera vez de ambos. Se sentaron en una piedra muy grande y poco a poco juntaron sus labios para su primer beso. Sentían que los pájaros cantaban a sus oídos, que el tiempo se detenía y que tenían miel entre sus labios. Después caminaron de nuevo hacia donde estaban todos era el momento de despedirse. Pero no se irían como habían llegado muchas cosas nuevas habían descubierto.
Al llegar a casa Diego estaba muy feliz, quería gritarle al mundo aquella sensación extraña que tenia por Andrea. Intento conversar con su padre. Pero lo único que recibió de él fueron unas palabras que nunca olvidaría – “¿Por qué tuviste que regresar estos días sin vos fueron los mejores que he tenido en mucho tiempo?”—Pero estaba tan feliz que no le importo. Era un joven muy solitario y a veces quizás un poco raro por eso tampoco tenía muchos amigos con quien platicar. Decidió encender su computador y agregar a Andrea al Messenger. Era lo único que le importaba endulzarse la vista con la niña más hermosa para él. Pero Andrea no estaba esperó y esperó hasta que se quedo dormido. A la mañana siguiente había una conversación abierta que decía –“los días fueron muy lindos a tu lado”.
Y así comenzó una relación de amor por internet, todos los días hablaban y nunca se aburrían las semanas pasaron, pero la historia era la misma solo hablar, hablar y hablar. Un al cabo de dos mes Diego le propuso a Andrea irla a visitar a hasta su casa se escaparía dos días de su casa y pasar con ella. Poderse abrasar y estar juntos por mucho tiempo pero ella se negó diciendo –“No puedes venir, mis padres me castigaran si me vienes a visitar”- Lo que el menos quería era causarle algún tipo de problemas, su obsesión era tan grande que no podía estar dos horas sin hablar con ella no importaba como si era por mensajes, llamada, chat lo que importaba era hablar con ella.
Se volvió algo enfermizo al punto de no dejarla ni dormir. Se molestaba si no le contestaba. Andrea comenzó a incomodarse ante esa situación. Un día apago su celular no se conecto y no contestaba ni el teléfono de su casa. Diego decidió irla a buscar. Compro un ramo de rosas tomo un bus que lo llevaba para la terminal y emprendió su viaje. Al llegar a Chalatenango comenzó a preguntar por la dirección de la casa de Andrea cuando por fin encontró el lugar. Toco y toco pero nadie abrió. Esperó sentado ahí por más de una hora hizo una nota para dejársela en la puerta junto con las rosas cuando iba a comenzar escribir escucho la dulce vos de Andrea que venía acercándose, pero un segundo después no la escucho más. Su corazón se encendió como un carro de carreras, caminó hacia la calle y vio a Andrea besándose con otro sujeto. El carro que tenía en su corazón choco contra un muro de acero, no supo qué hacer. Andrea lo vio en ese momento y se acerco mirando al suelo le dijo –“Lo siento”- Sin poder decir algo más. Porque Diego corrió del lugar.
En el bus de regreso Diego sentía no poder con el dolor de su pecho se había entregado al amor, cegado ante la realidad que en la distancia no se puede tener un amor de esa manera, mucho menos en la adolescencia. Al llegar a casa sabía que no había nadie con quien hablar su obsesión lo hizo perder los pocos amigos que tenia. Sus padres eran las personas que menos se preocupaban por él. Recordó que antes había escuchado que lo mejor para las penas de amor es el alcohol paso por una cantina cerca de su casa. Compro una botella. Ahí estaba alguien que le ofreció algo mejor “cocaína” nunca la había probado pero en ese momento quería cualquier cosa para no pensar más en Andrea.
Comenzó a consumir alcohol y cocaína. Pero nada lo hacía olvidarse de ella. Todo seguía igual. Todos los días se encerraba en su habitación a escucha música y gritar. Sus padres nunca estaban en casa así que no se daban cuenta de lo que él hacía. No iba al colegio, el único motivo por el que salía era en busca de su medicina (alcohol y cocaína). Era feliz en su nuevo mundo un mundo en donde solo el existía nadie más le importaba.
Comenzó a dejar el alcohol pero a ingerir más y más cocaína. Quien se la vendía cayó preso, porque los malditos perros lo agarraron cuando estaba vendiendo así que tuvo que comprarle a otro tipo no parecía muy confiable pero le dijo que le regalaría un gramo más cada vez que le comprará. Un día, después de echarse su “lineazo” se sentía algo extraño. La mitad de su cara quedó inmóvil, sus cuerpo sudaba, tenía frío, le dolía todo el cuerpo no sabía qué le pasaba comenzó a gritar pero como siempre nadie lo escucho. Hasta que no pudo más y murió. Sus padres lo encontraron tirado en la sala de la casa, llamaron a la policía y el examen forense dictamino que lo que lo mato fue un veneno de rata ingerido por la nariz. El tipo que le vendió no le dio cocaína si no un veneno de rata en polvo.
Mientras sus padres revisaban sus cosas vieron una libreta de dibujos poemas y cartas de amor, todas expresando el despecho y la soledad que el siempre vivió.

Chaqueta negra, ojos hundidos. Un par de lentes resguardan sus ojos, un pantalón desgastado y un par de zapatos de tela. Estas eran las fachas de Carlos, un hombre de treinta y siete años. Quien en su pasado carga con una historia muy triste, que ni quisiera recordar. Tenía Veintitrés cuando a pesar de su buena educación, sus malas amistades lo llevaron en mala dirección, se metió en el mundo de las drogas y perdición. A pesar de que sus padres le dieron todo, él no lo supo valorar por la necesidad de las drogas.
Un día, decidieron robar un banco. En el suceso, uno de los empleados presionó la alarma y llenos de miedo comenzaron a disparar matando a 3 personas. Al percatarse del fracaso, decidieron huir. Sin embargo, con las investigaciones lo atraparon y lo sentenciaron a 40 años de prisión.
Ahora se arrepiente de lo que perdió. Después de tenerlo todo para que su futuro fuera ideal, no lo supo aprovechar. Hoy está en una reconocida cárcel de San Salvador, ahí lo apodaban “el Lobo”. Nunca revela su identidad porque su familia es muy conocida en la sociedad. En su mesa de noche, hay tres cigarros franceses, regalo de su último cumpleaños. La zona en la que está es la mejor, las instalaciones cuentan con los servicios básicos. Esto gracias a su familia. Aun así, sabe de todo lo que se está perdiendo por estar encerrado. Las zonas vecinas a la suya, poseen condiciones deplorables, la vida no vale mucho, el poder del más fuerte lo rige todo.
Un día como cualquiera, caminaba por los patios. Pasó por la zona de los condenados a cadena perpetua y sintió un olor a cloaca, un olor que jamás había sentido, sus nauseas no faltaron.
Desde una torre muy alta los guardias controlan todas las acciones mientras están en las áreas libres. Ahí se vive de todo, se come de todo, se escucha de todo y se ve de todo. Los pandilleros son los que controlan el lugar, convirtiéndose en una plaga que muchos quisieran exterminar. Su líder un “cabrón” que a todos los suele envidiar. Recuerdo un día que Carlos me contó una experiencia: - “Un día que me vinieron a visitar y me trajeron una dotación de cigarros, pensé que durarían, mas no recordé que en la cárcel todo se hace por resguardar tu vida, el líder de una pandilla me los vino a robar, me opuse y por eso tuve que pagar.
Recuerdo cuando me dijo que se los diera. Desde que se acercó, pude sentir un mal ambiente, aquel marero no era de fiar. Me dijo – “Hey bato todo mi barrio quiere fumar, así que te conviene que nos des los cigarros” - Yo me negué. - Esas quizás fueron las últimas palabras que Carlos me pudo contar. Una semana después de esto, la pandilla llegó a la celda de Carlos y decidió acabar con su vida. Lo amarraron con un lazo y lo asfixiaron hasta su muerte. A lo mejor quedará impune. Pues ¿qué castigo se le puede dar a alguien que ya está castigado? Es un asunto trágico pero no es ajeno a nuestra realidad. En nuestras cárceles muchas personas mueren por un simple capricho de algún otro recluso, esto es algo que los medio no suelen informar.

Martin era un joven de 18 años, hijo de Carmela la señora que con mucho esfuerzo quería sacar su hijo delante de día trabajaba en la alcaldía y de noche planchaba la ropa de sus vecinos. Martin aunque no creció con los mayores lujos del mundo su madre nunca permitió que le faltara algo, su padre los había abandonado cuando apenas era un recién nacido la madre recuerdo esos días donde Martin tenía sus grandes ojos negros su pelo como que si fuera lana de oveja negra, cuando llego a la adolescencia muchas cosas comenzó a experimentar sus amigos lo inducían a mucho mal.
Pedro “el araña” como le decían en el barrio se metió en negocios que nadie conocía pero lo que si todos sabían es que le iba muy bien comenzó comprándose un moto y hasta que un día hasta casa compró, Martin que siempre había querido sacar a su madre de trabajar y darle una vida mejor a la que tenían decidió pedir ayuda al araña, mas sin saber que el suceso que estaba por acontecer no iba a poder retroceder, su primer misión fue el de entregar 10 kilos de coca a uno de los proveedores, así comenzó de 10k paso a 100 k, de 100 paso a 1000k, hasta que dos años después se convirtió en uno del cartel del valle.
Este cargo le dio una vida como nunca imagino mujeres, carros, joyas, viajes disfruto; pero también así con muchas vidas acabo. Fue el 25 de octubre del 2006 estaba en su mansión sonaba la colección de los tigres del Norte cuando una gran angustia sintió, la cual solamente ignoro, la hora de dormir llego subió y a su habitación subió, un lugar con acabados de mármol, una cama estilo romano al centro que mejor decoración, al lado de la cama en una de las gavetas de la mesa de noche guardaba la foto de su madre que era su más grande amor, en la otra gaveta dos cuernos de chivo le daban protección. Quedándose dormido iba cuando en su móvil vibro, en el tres perdidas vio le había su madre, y en ese momento recordó la agonía que sintió.
A pesar de la hora decidió llamarle y sin respuesta el celular se apago, reunió a todo sus escoltas y en busca de su madre salió al llegar a la casa solo un cuerpo encontró, era el de la enfermera que cuidaba a su madre, en ese momento su alma perdió.
Subió al cuarto de su madre viéndola en un estado de shock, con su pelo despeinado su ropa rota, al preguntarle que ocurrió la pobre Carmela solo pudo decir -¿No sé que me pudo pasar?- Martin no pudo comprender pero con su madre se decidió quedar. Cuando amaneció su madre le explico que ella había matado a su enfermera porque le había dicho que a su hijo iba a denunciar.

Maquillaje gastado. La noche apenas empieza. Dejo Pasar dos carros. Veía su reloj un poco desgastado, eran más de las 11pm, no había tenido un cliente esa noche, tenía una gran desesperación. Trataba de captar la atención de los conductores con una mini falda y unas medias algo arrugadas, con un cigarro en su mano derecha y joyería barata en la izquierda, se exhibía en las calles de San Salvador, Johanna era su nombre, estaba maltratada por la vida y su rostro lo reflejaba, a sus 48 años, ya no atraía tantos clientes que como cuando tenía 29, llevaba una cartera de imitación de color rojo donde solo llevaba unos cigarros, un encendedor, condones y las llaves de su casa "Lo necesario", no deseaba contagiarse de alguna enfermedad, tenía algo porque seguir viva. Su trabajo no era por placer, era por necesidad.
Johanna tenía 2 hijos de relaciones pasadas. Los dos de diferentes padres que habían sido antiguos clientes que le prometieron sacarla de esa vida, para hacerla su esposa pero esas palabras se quedaron en promesas, y ella se quedo con un pequeño recuerdo de cada uno, sus hijos eran su vida. Sabía que merecían algo mejor pero cuando empiezo este oficio no tenía otra opción, ahora le imposible dejarlo, ella siente que siente que está marcada para siempre. En el momento en que tenia sexo con sus clientes, sentimientos como furia, impotencia y desesperación se hacían presentes, pensaba en la vida que tendrían los hijos y su futuro en general.
El cielo estaba despejado, Vio su reloj y era cerca de la media noche las esperanzas de que un cliente aparecieran eran pocas alzó su mirada para ver las estrellas, en ese momento un auto se detuvo enfrente de ella: ¿A cuánto? - le preguntaron a Johanna, Bajo la mirada y se apoyo en el automóvil, -Treinta- Dijo Johanna con firmeza, -Sube- Ella Subió -¿Cómo te llamas?- Pregunto – Johanna- Respondió, no le importaba dar su nombre verdadero de que le serviría uno inventado, si esa era su cruda realidad.
El cuento era siempre el mismo, ella se subía, el tipo la tocaba en el auto, iban a un motel tenían sexo, cobraba y se acababa su labor como prostituta, y regresaba a su hogar para ser una madre.
Johanna encendió un cigarro e inhalo fuertemente, observo el automóvil y vio al sujeto, ella le calculo unos 25 años, el sujeto paro en un callejón y empezó a desvestirse. -¿Aquí?- pregunto Johanna. – Si aquí no usaremos condón, no te preocupes, no tengo nada, te lo prometo- dijo el sujeto, Johanna solo asintió
La historia se repitió, Johanna cobró y su labor termino. Al día siguiente, Johanna caminaba por las calles de San Salvador, En caza de clientes, Los hombres la miraban, pero la edad es una carga que no puedes disimular. Cerca de la madruga el carro del día anterior se acerco, ella de inmediato lo reconoció -¿Siempre a treinta?- Pregunto el muchacho, -Si- Respondió, Le pareció extraño que el muchacho se apareciera por segunda vez y alagada al mismo tiempo.
En un transcurso de dos meses siempre cerca de la media noche el mismo carro siempre se acercaba a Johanna y el mismo tipo siempre la contrataba. Johanna nunca hablaba, más que el "Si" de cuando él preguntaba si siempre serian 30 dólares, y un "Gracias" después de Cobrar.
Una noche su cliente frecuente no llegó, Johanna entristeció, pasaron dos semanas más y su cliente no apareció. Empezaba a preocuparse, ¿Habría sido un golpe de suerte el que había tenido? quizás nunca regrese, pero no todos los hombres quieren tener sexo con una prostituta de 48 años.
Empezó a pensar en sus hijos y rompió en llanto sin razón. Disculpe- dijo una señora ¿Disculpe usted es Johanna?- Si Respondió entre lagrimas, -Tenga- extendió su brazo con un papel en su mano -Es para usted- Johanna tomo el papel, La señora se alejo, Johanna extendió el papel donde unos trazos que se podían llamar palabras decía -Johanna Hola, Soy Sergio, Tu cliente, disculpa por no haber llegado estos días, pero, Tuve complicaciones, Quizás no nos volvemos a ver, pero solo te quería decir Gracias!, Cumpliste mi último deseo, Ahora, me tengo que ir Cuando leas esto a lo mejor abre muerto. Ojala me perdones algún día por no decirte que padecía de SIDA.

Escucho el motor que se acerca. Los pasos de las personas que se disponen a esperar que se detenga para poder subir. Con el paso del tiempo, he aprendido a calcular adonde esta la puerta para poder subir. Hay algunos “buenos samaritanos” que me echan una manita. Le pido permiso al señor conductor para que me deje vender mis productos en los bus. Me ganó la vida de forma honrada aunque no podría hacerlo de otra manera. Desde que nací, nunca he podido apreciar la luz del sol, mucho menos el azul del mar. Nunca tuve la oportunidad de ir a una escuela, mucho menos de aprender un oficio. Siempre he tenido que rebuscarme para poder comer.
Desde que cumplí los 15 años en la vida de mi mamá no hubo más lugar para mí. Recuerdo que me dijo que ya era lo suficientemente grande para valerme por mí mismo. Pero que chivo sentía poder aprender a andar por la calle, por mis propios medios es la mejor experiencia que he tenido.
La venta de cada día me sirve para comer a veces consigo comer bien. Otras veces, solo me tengo que conformar con un par de tortillas y un poco de queso y frijoles. Pero; no por eso dejo de darle gracias a Dios porque por muy poco que coma e incluso si no como, estoy feliz con él; por el simple hecho de darme la vida y las fuerzas para comenzar cada día.
Cuando me subo a un bus no sé cuantas personas vendrán en el pero yo siempre ofrezco mis productos con mucha alegría. No importa si me compran o no, pero esto no quiere decir que no lo necesite. Me siento bendecido porque no tengo un jefe, ni hora de entrada ni de salida.
Lo único feo a lo que me enfrento cada día es a escuchar a veces a personas que tienen lastima de mí. No entiendo por qué me tienen lástima si yo soy feliz. ¿Por qué no en lugar de tenerme lastima aprovechan las oportunidades que la vida les ha dado? ¿Por qué no disfrutan el simple hecho de ver una mosca volar?.
Yo les cuento esta historia no para que vean lo que hay en mí. Si no que para que cada persona que tenga la oportunidad de leer estas pocas palabras se detengan a pensar en cada segundo que pasa, cada color que puede ver, cada alimento prueban, son muchas razones que nos ayudan a ver lo hermoso de la vida. Y que a pesar de cualquier dificultas con mucho esfuerzo podemos lograr todo lo que nos proponemos.